Amon Amarth – Deceiver of the Gods

Portada de Deceiver of the Gods

Si te encuentras a un mazado rubio bebiendo cerveza de un cuerno hablándote casi amenazante del Valhalla con furia en los ojos mientras la espuma de la birra le ca

e por la barba al abrir la boca pueden ser dos las impresiones posibles que una persona cuerda tenga:

  1. No me lo creo, este tio es un flipao y/o está como una puta cabra
  2. Sí me lo creo, este tío va muy en serio y ahora temo por mi integridad física y por el virgo de las muchachas de mi aldea

Amon Amarth es el grupo de viking metal por excelencia. Han conseguido hace mucho tiempo entrar en el segundo saco.

Por su actitud y las cosas de las que hablan Amon Amarth no pasaría de ser una continuación de la faceta odinista que enseñaban algunos como Spinal Tap y Manowar. Si no fuera, claro porque van en serio –no como Spinal Tap- y la calidad de su música es tan bestial como su actitud –no como Manowar-. También porque las letras de Amon Amarth suele ser un vehículo moderno para narrar las tradiciones mitológicas de los pueblos nórdicos. Ambas cosas, calidad musical y unas letras adultas, les convierte en algo más que unos aficionados al Pressing Catch aporreando los instrumentos con el volumen al 11 mientras recitan a Tolkien.

    Amon Amarth es de los pocos grupos que consiguen convencerte de que van muy en serio y no conducen Ferraris sino Drakkars

Amon Amarth es de los pocos grupos que consiguen convencerte de que van muy en serio y no conducen Ferraris sino Drakkars

Después de conocer el título de su nuevo trabajo –traducido, Traidor a los Dioses– alguno pudo llegar a pensar que traicionarían a sus raíces haciendo cualquier cosa con la que a veces nos sorprenden los grupos de música, pero la canción homónima tranquilizó a los adeptos. El nuevo disco de Amon Amarth sonaría a disco de Amon Amarth, al menos eso prometía la canción. Y no sólo eso, este LP es un discazo, no sólo siguen el mismo camino en el sonido, también en la calidad. Éste es uno de los mejores discos de metal del año y estos suecos acostumbran a portarse así con cada nuevo trabajo que lanzan. A mí todavía no me han defraudado.

La portada que se nos mostró en Internet incluso antes de la canción tan poco ayudaba mucho, uno se llegaba a preguntar si eso iba en serio o era coña. En la parte superior izquierda vemos a un dios nórdico, cuya cara parece haber sido dibujada por el hijo del guitarrista en clase de plástica, mientras cabalga el cielo en un carro tirado por unos carneros, uno de los cuales parece sonreír; o  no. Finalmente resultó que iba en serio.amon amarth deciever of the gods deluxe

Tranquilos, como digo, porque Deceiver of the Gods sólo es un título que hace referencia a la historia de una disputa entre Loki y Thor o no sé qué. Vamos que es lo que se llama un disco conceptual, que, como si un libro fuese, cuenta una historia y tiene un sentido de principio a fin. Puestos a esto, se agradece que el disco sea tan bueno y consistente de principio a fin, no es que se haga eterno precisamente o que se necesiten muchas escuchas para exprimirle la sustancia. Directo al seso y de calidad como acostumbran estos vikingos.

Con este mismo título se abre el listado de canciones. Se trata, en su mayoría de temas intercambiables por su música con cualquier otro disco de los últimos de la banda, especialmente con los tres últimos. Amon Amarth mantiene un sonido en sus tres últimos LPs casi idéntico tras el punto de inflexión que supuso en el año 2006 el antecesor de estos trabajos: With Oden on Our Side, el gran disco del viking metal.

Deceiver of the Gods en una canción que se abre con una introducción melódica de guitarras distorsionadas que da pie a la típica explosión musical de estruendosos riffs marca de la casa. El disco sigue con un tema, As Loke Falls, que igualmente está más basado en la melodía que en el riff, lo cuál es, posiblemente, el principal rasgo del sonido actual de Amon Amarth, lo que los diferencia de sus inicios.

Este LP es un no parar de épicas melodías de guitarra y coreables estribillos en los que se nota la marca del power metal europeo, al cual se asemejan más ahora que a los brutales grupos de death a los que Amon Amarth alguna vez pertenecieron.

Decimos que la melodía, el punteo agudo, es el principal ingrediente de Deciever of the Gods; y además, la música es menos death que lo era hace unos años, entre otras cosas, porque todo lo que tocan ya no está necesariamente sincopado, como hacían antes de una manera que se hacía a ratos repetitiva. En las guitarras se nota, a ratos, algún puntillo folk que siempre toca de alguna u otra manera la música de este tipo. Todo esto aderezado con algunos fondos sinfónicos como ya empezaran a hacer en Twilight of the Thunder Gods.

Blood Eagle –la sexta pista- es el momento en el que sí que se ponen algo más brutales con la excusa de hablar de una supuesta práctica de tortura vikinga que se llamaba así, Águila de Sangre. Para los que tengan curiosidad histórica o morbosa, era esto en concreto –si es que realmente existió, que los historiadores no lo tienen muy claro-.

Método de torura del Águila de Sangre en una de las Piedras de Stora Hammars (Suecia)

Método de torura del Águila de Sangre en una de las Piedras de Stora Hammars (Suecia)

La canción se inicia con el sonido que debía producir la expeditiva práctica sobre el torso de un hombre seguido de una introducción musical que suena a inicio de una batalla; con sonido de tambores de guerra y todo. Resulta curioso que una canción que parece hecha para evocar el momento de la batalla –algo muy marca de la casa- sea de las pocas que no hablan de eso mismo, pero en fin.

Hel, también resulta ser una canción merecedora de mención especial, si no por que destaque como una de los mejores –eso que lo decida cada uno con sus gustos-, por innovadora dentro del sonido del grupo. Suena muy oriental tanto por las guitarras como por la melodía vocal y los coros del estribillo. Pero más importante aún, la canción está cantada a dúo junto con otro cantante. Después de un repaso mental rápido, creo que esto la convierte -aunque sea sólo a medias- en la primera canción de Amon Amarth cantada con voces limpias.

Y siguiendo la misma tónica de punteo épico o y riffs de batalla termina este Deceiver of the Gods con Warriors of the North dejándonos la sensación de que no estaría de más escuchar otra vez el disco mañana.

Resumiendo: más de lo mismo, esto es: muchísima calidad.

Por cierto, para profundizar un poco más en el disco, en http://deceiver.amonamarth.com/ puedes ver unos cuantos videos sobre el proceso de creación del disco. Sólo te pide a cambio que entres con tus datos de Facebook, cada uno sabrá si le merece la pena.

Lollapalooza

Cuando la gente me pregunta con los ojos muy abiertos y en voz alta ¿QUE NO TE GUSTA NIRVANA? ¿POR QUÉ NO TE GUSTA NIRVANA? (Nota: yo siempre pienso que debería resultar más aparente), yo no puedo ofrecer ningún argumento válido, al menos en lo referente a lo musical. Al menos ninguno que no sea invalidado de inmediato por mi sagaz interlocutor.

-Pero es que, ¡joé!, es como la mediocridad musical llevada a la exaltación

-Bueno, eso será en tu opinión, a mí sus canciones me encantan.

Argumento 1:

-¡Es que, vaya mierda, canciones de tres acordes!

-¿Y qué? ¿Es que tampoco te gustan AC/DC?

(Vaya, qué cabrón, ahí me ha pillao el tío listo)

De hecho este argumento ni siquiera puedo sostenérmelo a mí mismo si me paro a madurarlo más de cinco segundo. Atendiendo al argumento de los tres acordes, nos quedaríamos sin Smoke on the Water; la cuál es, en esencia, la columna vertebral de mi educación musical.

¡Mierda!

Argumento 2

-Pero si Cobain era un cantante pésimo; y con la guitarra un mediocre.

-Ahí tienes razón, eso es lo bueno. Lo que conseguía transmitir su música sin ser técnicamente un buen músico… No necesitaba más. No hace falta ser un monstruo de conservatorio para que una canción sea una pasada (aquí volvemos al Argumento 1 y entramos en un bucle temporal).

El resto de argumentos son una serie de tópicos que apenas me paro a reflexionar de manera muy crítica porque doy por hecho que son gilipolleces y, aunque no lo sean, está bastante claro que yo no voy a atender a razones.

Que si Nirvana renovó, el rock, que si eran los verdaderos puristas musicales mientras reinaba el frívolo Glam Metal en la televisión. Que si fíjate si Cobain era un auténtico artista que cuando se vio convertido en icono de la MTV tuvo que suicidarse para arreglarlo.

Puede que estos argumentos tuvieran mucho sentido para alguien que llevaba una década asistiendo al declive de la Civilización Occidental y que se adentraba en la década en la que los cuatro miembros de Metallica se cortarían la melena y se engalanarían con abrigos de plumas y sombra de ojos para el libreto de su engendro, Load –que, por cierto, no me parece mal disco -. Algo de lo que ellos mismos nunca se recuperarán del todo.

Lo cierto, con perspectiva histórica y desde una sensibilidad menos integrista y más curiosa –hace años que no me pongo una muñequera de pinchos- es que esto es, en parte, lo que me pone contra Nirvana, contra Cobain y contra todo el espectro demográfico del Seattle de mediados de los 90. Que ellos mismos fueron una reacción a lo que en ese momento reinaba exaltando lo superficial desde Hollywood. Ellos quisieron autocoronarse como los más heavys del lugar; pero al igual que trataron de hacerlo Sid Vicious -el primer Kurt Cobain- y toda la pléyade de punkis de finales de los 70 al otro lado del charco, trataron de hacerlo con una música horrible.

Y yo ni siquiera sabía todo esto hace diez años. Estaba ahí todo este tiempo y yo ni siquiera lo acertaba a entender. No digamos, mucho menos, explicar. Simplemente me parecía una música horrible.

Acostumbrado a la grandilocuencia del metal en cualquiera de sus vertientes; cuando había quedado muy claro desde Queen y U2 que el objetivo del rock era llenar un auditorio hasta que no se pudiera ni respirar. Con luz, fuegos artificiales y confeti. O con la grandilocuencia concentrada simplemente en el mástil de las seis cuerdas, con un riff/solo/riff que convertía a la guitarra en una bomba que desprendía luz, fuegos artificiales y confeti por el amplificador; me encuentro con un sonido mal ecualizado a propósito, deliberadamente depresivo y que se queja con gruñiditos lloricas e ininteligibles de que todo el mundo es idiota menos él y encima tiene que esperar a que mamá ponga la cena en la mesa. Y esto me lo quieren vender la propia MTV y la portada de la Rolling Stone, que el mes pasado traía a Jennifer Aniston.

Lo que yo decía.

Jóvenes fans de Cobain disfrutando uno de los recitales del genio de Seattle

Jóvenes fans de Cobain disfrutando al máximo de uno de los recitales del genio de Seattle

Pero, a ver –me digo a mí mismo-, ¿no puedes aceptar esta mediocridad -o simplicidad- musical bajo ningún concepto pero sí puedes pagar 30 euros por un concierto de Sabina? Que ni siquiera es músico. Puedes disfrutar con la banda sonora de Scarface, con una canción de techno pop de los 80 o con cualquier simple cancioncilla agradable sin pretensiones. ¿Pero no puedes ni siquiera poner el Nevermind por curiosidad? ¿Maná pueden estar bien para un rato pero Soundgarden no? ¿Beastie Boys sí pero NIN no? Y sobre todo, ¿qué sentido tiene? Puede que, entre otras cosas, lo que no me espanta de esas canciones es, precisamente, que no tienen pretensiones.

O puede, simplemente, que cada uno tenga sus prejuicios y punto.

Aunque durante mucho tiempo dije que sí, los discos no son libros. Por muy sectario que quede, no son algo que hay que conocer e incluso analizar antes que rechazar con argumentos pseudointelectuales. Incluso yo me puedo sentir tentado de disfrutar de manera muy básica y superficial con una canción de Riahnna que suena de fondo; pero la música es algo mucho más elevado y visceral a la vez que todo eso.

La verdad sobre mi rechazo a Nirvana, Kurt Cobain y a todo lo que representa está más allá de argumentos lógicos y se sale de las líneas del pentagrama. La música no debe sacar nuestro lado racional precisamente.

Además, ellos odiaban a Metallica y Iron Maiden mientras que yo escribo esto bajo una estantería que contiene todos sus CDs. No quiero decir que sean el enemigo en un sentido beligerante del término. No es que quiera obligarles a que se coman mi cinturón de balas mientras les pincho el costillar con mi guitarra de flecha -ni siquiera hay un cinturón de balas en mi casa y no quiero ensuciar la  guitarra de flecha de mi hermano-. Quiero decir, por decirlo de algún modo, que representan lo que odio. O, mucho mejor dicho, que ellos odiaban aquello en lo que yo creía.

Algunas veces, en la historia de la música contemporánea, la música ha sido lo de menos. El icono del punk, Sid Vicious, a veces tocaba en los conciertos con el bajo desenchufado porque ni siquiera sabía tocarlo bien. Sólo hacía como que tocaba mientras que un público igual de drogado y alienado que el de Lollapaloza del 95 le lanzaba vítores porque llevaba escrito en el pecho con sangre I Want a Solution.

Lo importante del mensaje de Cobain era quejarse porque no te apetecía ir al instituto, porque la universidad que te pagaba papá solo parecía garantizarte un futuro de mierda o porque tus hormonas hierven y te apetece llorar. Ya no digamos de hablar de echarle cojones y salir adelante. No había solo de guitarra ni arreglos orquestales porque eso no era lo que se quería transmitir. En el grunge; el arte, la idea del arte y el artista, parecían estar por encima de todo, incluso por encima de la música. Y a mí no me gusta eso en un grupo de música.

No me gustan los lloricas. Y puede que yo no tenga argumentos musicales muy sólidos, pero tampoco voy a entrar en una discusión con uno de los cínicos miembros de la Generación X -como alguien los definío-.

Are you beign sarcastic, dude?

Maiden England

Iron Maiden - Maiden England 88

Portada de la edición antigua

Nueva entrega de la serie de DVD’s sobre la historia de la Doncella que se anunció hace unos años y que, presumiblemente, y aunque no se haya dicho con esas palabras, está poniendo fin a la historia de la banda. Poniendo fin, por cierto, de una manera muy Maiden: reeditando y remasterizando a un ritmo frenético. Y lo feliz que nos tiene que tener eso a los millones de fans de la banda que nos repartimos por todo el globo.

Seremos breves que sobre este directo ya se ha hablado desde hace décadas y se me pasa el asado –literalmente-. El nombre oficial de la publicación es Maiden England ’88. En su momento, allá por finales de los ochenta y en pleno apogeo comercial de la que ya empezaba a ser la banda de heavy metal más grande de todos los tiempos, Maiden England fue el nombre de una grabación VHS de la cual se extrajo –con la misma portada- el single Infinite Dreams. Pese a que, como decimos, fue una grabación en todo el apogeo de la banda, durante la gira del disco Seventh Son of a Seven Son –LP tan idolatrado por muchos-, y técnicamente bueno, por algún motivo no es un directo tan recordado como el eterno Live After Death, el cual, en mi opinión ofrecía mucho menos que éste en casi todos los aspectos.

El mayor atractivo de este DVD es que ofrece un viaje por su carrera ochentera. Seventh Son fue el último LP de esta década en la que los Maiden definieron la idea de heavy metal en todo lo que les rodeaba, y cuenta con temas que después no se pudieron volver a disfrutar debido a evidentes problemas de espacio. ¿Cuántas veces se puede disfrutar en directo que la clásica y olvidada Still Life? Después de esta gira, en el año 90, vendría el No Prayer for the Dying. No es mal disco, pero supondría el principio del fin de la era Dickinson y podemos considerar este Maiden England, por tanto, como un retrato de unos Maiden en la cresta de la ola de su carrera, un viaje a través de sus siete primeros discos lanzados desde 1980 hasta 1988.

Buena ocasión, por tanto de repescar una joya que no todos teníamos y que, si no fuera por Internet, sería casi imposible de encontrar hasta ahora. Fieles a la moda de ponerse retrospectivos en casi todo lo que hacen en esta última fase de su carrera.

Nueva edición en DVD

Esta nueva edición viene con una nueva portada que imita la original sustituyendo la motocicleta por un caballo –lo que seguirá ayudando a que la antigua edición en VHS sea una joya de coleccionista- y el sonido y la imagen son bastante correctos. Si bien no se puede sacar de dónde no hay, claro. La remasterización es buena pero hay que tener en cuenta que la grabación original es del año 88. Vamos, que se ve el píxel.

El show editado provenía de dos noches en Birmingham, la ciudad industrial cuna del heavy metal, de las cuales, váyase a saber por qué motivos se obviaron tres pelotazos en directo como Run to the Hills, Sanctuary y Running Free. Esta tríada ha sido rescatada y es ahora el fin de la nueva edición en DVD.

En cuanto al disco 2, podemos ver en primer lugar la tercera parte de la serie de documentales sobre la historia de Iron Maiden que ya es tradición que acompañe como bonus a los DVD’s del grupo. En esta ocasión, y como es de prever, se trata la época de finales de los 80 y es el único video nuevo que podemos ver. Hecho para la ocasión.

Pero de mayor valor, diría, es el documental 12 Wasted Years, también editado en DVD por primera vez en la historia. Se trata de un video lanzado en VHS allá por 1987 y en el que vemos ciertos recuerdos audiovisuales de los inicios del grupo  y hasta ese momento. Especial mención, diría yo, a los videos caseros hechos por gente del público en los primeros pubs en los que tocaron. Posiblemente se trate –yo no lo sé seguro- del primer documental en el que repasaban su carrera. Una hora y media de un material que, seguramente, muy poca gente habrá visto. Aunque algunas cosas de este documental ya se habían visto en el anterior Behind the Iron Curtain.

El resto de material, los videoclips de Wasted Years, Stranger In A Strange Land, Can I Play With Madness – ¡sale Graham Chapman!, The Evil That Men Do y The Clairvoyant.

Bruce Seventh Son Tour 1988Fácilmente se ve que el ánimo de esta edición es el de rescatar en un formato actual y, sobre todo de forma oficial, el material antiguo de la banda. De hecho, parece ser que existía un DVD no oficial del antiguo Maiden England editado por ROOM 101 Entertainment y que yo, personalmente, no he podido encontrarme en mi vida; así que muy fácil de conseguir no debía ser.

Nada nuevo, como vemos, que no vengan haciendo los eternos ídolos del heavy metal y que, como también es costumbre últimamente, vendrá acompañado de la consiguiente gira nostálgica en la que harán temas añejos para los que perdemos la cabeza por ciertos temas que fueron compuestos antes de nuestro nacimiento y que no tuvimos ocasión de ver en su momento. Total, una gran oportunidad y algo mucho más justificado por su valor documental que los recopilatorios sacacuartos que saca EMI cada pocos años.

En este enlace del canal oficial de la banda podéis oír samplers de todas las canciones:

P.D. En el momento de terminar estas líneas ya he comido. Al final el asado bien.

Y los dioses volvieron a helar la Tierra

Segunda y esperadísima grabación de un concierto de los estadounidenses Iced Earth. Hace un par de años Century Media sacó a la venta un popurrí de grabaciones en directo de la banda por su cuenta que tituló Festivals of the Wicked, aprovechando que se les acababa el contrato y se cambiaban de discográfica. Pero ese pseudobootleg de mal recuerdo no lo tendremos en cuenta.

La publicación de este Live in Ancient Kourion ha estado muy controlada por el grupo, que entre otras cosas, preguntó a los seguidores vía Facebook si les parecía bien seguir adelante con el proyecto pese a que no pudiera ser editado en calidad 1080. La respuesta, supondrán, fue un rotundo sí y el BluRay ha sido, aunque sólo sea en 720, que no está mal.

El resultado, un concierto grabado en un antiguo teatro grecorromano situado en el actual Chipre; editado en video –DVD y BluRay- y audio –CD y Vinilo-. Todo muy cuidado, como corresponde a una banda de culto como ésta, que no lanzaba un directo desde su clasicazo Alive in Athens. Un triple disco que supuso la condensación su época dorada. Cuando Matt Barlow todavía lucía su rojiza melena hasta las rodillas.

Iced Earth - 2013 - Bandpic

El mosaico de la imaginería que compone el mundillo de la Tierra Helada ya es tan amplio como el panteón griego y después de mantenerse en pie tras muchos altibajos, la banda parece sentirse con fuerzas renovadas para volver a registrar su poderoso directo en la tierra de los dioses. Elegir un teatro griego para la ocasión está claro que no fue por casualidad, la providencia de los dioses –o la desventura, más bien- ha hecho además que la salida por estas fechas de un show grabado en Chipre cobre más simbolismo. Si están al tanto de las noticias de las últimas semanas supondréis de sobra a qué me refiero. La gira World Dystopia Tour llevaba consigo un disco con claro mensaje político y la casualidad ha hecho que el directo salga a la venta a la vez que lo ha hecho la economía chipriota.

El aliciente para los seguidores de la banda en esta gira fue ver qué tal se portaba Stu Block, el nuevo fichaje de la banda; un joven canadiense que venía de cantar en un grupo de death melódico tan desconocido como él. Poco después de demostrar muy buenas aptitudes con el último disco de estudio pude ver a la banda en uno de los primeros conciertos de la gira que registra este DVD y las sensaciones fueron buenísimas. Mejor incluso en directo que en disco.

Iced Earth - Stu Block

Stu Block, el nuevo cantante de Iced Earth que se presentó al público en esta gira

El concierto empieza con Dystopia, canción que abre ese mismo disco homónimo.

Burning Times. Segunda canción y primera prueba. A ver qué tal se desenvuelve Stu con uno de los himnos de Barlow. Además, con una de las de registro más grave. El canadiense amplía el registro vocal de la canción –uno de sus fuertes- dejando patente que viene de ser un cantante de death metal con los gruñidos guturales que deja caer en el estribillo y que utilizará en casi todos los temas. A los fans más acérrimos de la banda les recordará a los primeros discos allá por principios de los 90, cuando contaban con un vocalista que se limitaba prácticamente a los guturales. Puede que muchos no sepan que Iced Earth comenzó como una banda coetánea  y compañera de una buena hornada de grupos de metal extremo como los Obbittuary, y en sus primeros discos podemos ver muchos detalles del death metal que se comenzaba a poner de moda en la América de entonces.

Tercera canción, precisamente de esta época. Angels Holocaust, de su segundo disco, que se tituló Night of the Stormrider, cuyo comienzo orquestal se encarga el cantante de corear para que el público le siga. Las canciones de esta primera época parecen venirle francamente mejor a la voz de Stu que las de la era Barlow. No diría que no da la talla, que da una talla muy alta, pero cualquier fan de una banda sabe que el cantante de su formación clásica es insustituible. Por muy bueno que sea su sucesor, aunque lo supere, nunca será aceptado como la voz auténtica del grupo. Si no que se lo pregunten al otro sustituto de Matt, Tim Ripper Owens, uno de los mejores cantantes de heavy metal de los últimos tiempos y encargado de sustituir a insustituibles en cada grupo en el que entra.

A mitad de Angels Holocaust se hilvana con Slave to the Dark, una de las canciones de la trilogía The Suffering, la cual cierra su fantástica obra conceptual Dark Saga.

Durante esta gira se sucedió el cambio de bajista, Freddie Vidales, dejó la banda para marcharse con Matt Barlow y formar parte de su nuevo proyecto, llamado Ashes of Ares, sustituyéndole a las cuatro cuerdas Luke Appleton quien era bajista de Fury UK, una de las bandas que teloneaban a Iced Earth en el momento en el que Vidales se fue y con la que pudimos verle en los conciertos de Madrid y Barcelona.

Siguen con V, una del nuevo LP y también de temática política, como le gustan últimamente a Jon. No me entenderé mucho en narrar las nuevas tendencias doctrinarias de canción protesta/zeitgeist/tiparty de Jon Muñeca de Acero Schaffer. El segundo directo de una de mis bandas favoritas merece más concreción en lo musical.

When the Night Falls, uno de mis temas favoritos en su versión original y que desgraciadamente fue actualizado en el disco Days of Purgatory, donde un Barlow en plenitud actualizaba con su voz de barítono canciones de los dos primeros álbumes de la banda. Desde entonces, y seguramente por falta de espacio en ese disco, la canción está mutilada –le quitaron la magnífica y enigmática introducción- y el estribillo fue cambiado por uno menos rabioso y más de opereta, y así ha quedado. Como retocar Las Meninas. En fin, la única manera que nos queda de poder verla en directo.

Después de I Died for You, vienen las primeras canciones de la era Ripper: la triada formada por Invasion, Motivation of Man y Setian Massacre.

Discursillo de Schaffer agradeciendo al público chipriota que mole tanto y empieza cantándose las primeras líneas de Stormrider. Si alguien no conoce las capacidades del guitarrista con la voz que revise su proyecto en solitario, Sons of Liberty. Ahí, además de dar rienda suelta a sus aptitudes canoras expresa toda esa nueva ideología que ahora salpica la música de Iced Earth, la cual comenzó como apolítica. En fin.

Oímos el ya clásico punteo inicial de la grandiosa Pure Evil, tema que siempre ha ganado mucho en directo. Como ya hiciera desde la segunda canción y seguirá haciendo durante todo el show, Stu utiliza las melodías más cantables para hacérselas corear al público al estilo Maiden. Cierto que al escucharlo en el disco es algo bastante prescindible, pero también es cierto que se trataba de un concierto, que se trataba de que el público disfrute, y el nuevo cantante de Iced Earth es un frontman bestial que sabe hacer eso perfectamente y que se mete a la audiencia en el bolsillo con su carisma.

Wolf, canción perteneciente al enigmático Horror Show, álbum extraño dentro de la discografía de la banda y que trata sobre historia clásicas de terror, el cual puso fin a la era Barlow. Época cuyas canciones son difíciles de defender para el nuevo vocalista. Lo hace bien, tratando de darle un estilo personal, pero aquí comprobamos otra vez como se excede con esos gruñiditos agudos que a mí me resultan muy difíciles de asimilar en estos temas.

Se anuncia que viene una canción que trata sobre aliens que hacen experimentos con humanos. Ya hemos aclarado que la temática del nuevo disco resulta algo atípica. Se trata de Dark City, basada en la película del mismo nombre. La siguiente es un vuelta al Horror Show: Dracula una canción soberbia que es casi la única de su disco que sobrevive en la mayoría de setlists actuales. Y se pone fin a la primera parte de la grabación con el que fuera single rompedor hace unos años, Ten Thousand Strong.

Teatro Kourion

Antiguas ruinas grecorromanas del teatro de Kourion (Chipre), donde tuvo lugar este concierto

La segunda parte del directo se abre con Anthem, segundo single del disco Dystopia, que cumple lo que promete su título y sigue con Declaration Day, del primer disco político que hizo Schaffer allá por el 2003: Glorious Burden.

Days of Rage da paso a la clásica balada Melancholy y de ahí a un interludio para que los músicos descansen con In Sacred Flames, introducción del LP que supuso la vuelta de Barlow años después de su primera marcha. No oiremos ninguna canción de este álbum que fue tan esperado como prescindible.

Una última historia de horror llamada Damien –basada en la película La Profecía– y la balada clásica Watching Over Me –ya es una buena colección de clasicazos con los que cuenta este grupo-.

Después de recoger una bandera de Chipre del público, Stu le pide jugar al público a un juego llamado heavy metal, divide a la audiencia del teatro en dos bandos –aclarando apresuradamente que no se trata del Wall of death, no sea que la adrenalina del momento nos lleve al hospital- y mientras una parte grita heavy la otra grita metal. Un pequeño jueguecillo de participación con el público para empezar a acabar con la fantástica Dante’s Inferno, canción que dura más de un cuarto de hora, atmosférica, con la recrearse en soledad pero que no creo que resulte muy adecuada para un show por esas mismas características. Tengo que reconocer, rojo de la vergüenza y con la mirada hacia el suelo, que mi ídolo Schaffer me pilló bostezando en las primeras filas del concierto de Madrid de esta misma gira durante esta canción –fue un viaje muy penoso, sin aire acondicionado-. Por muy temazo que sea, digo, una canción se puede hacer algo aburrida en directo. En cuanto a esto, lo cierto es que este concierto lleno de temones no peca de eso y transcurre casi sin que te des cuenta. Y son casi dos horas y medio de grabación.

Para acabar aclararé que el bienpensado hecho de grabar el concierto en un antiguo teatro griego no le da realmente a la grabación el aire que seguramente se pretendía conseguir. Lo cierto es que, si bien supongo, para los asistentes al evento fue toda una experiencia en el DVD no se desprende un aire muy especial por el emplazamiento del concierto que, por lo que se ve en el disco, podría haber estado grabado en cualquier sitio amplio sin que notáramos la diferencia desde el salón de casita.

Y ya sí que definitivamente, dos de los grandes himnos: el que le da nombre a la banda –durante el cual Stu saca la bandera de Chipre que acababa de recoger y la ondea para contribuir a la catarsis colectiva- y cuando parecía que el concierto había acabado, The Hunter, perfecta para el directo con ese punteo tarareable.

En fin, que la elección de los temas podrá gustar más o menos –a mí me ha parecido muy acertada y equilibrada-, el nuevo cantante podrá gustar más o menos –a mí me parece que sustituye perfectamente a un Barlow que ya no era el de antes-, y su último disco podrá gustar más o menos –no es el mejor pero es muy bueno-; pero lo que está claro es que para un seguidor de esta banda, y los que lo somos lo somos de manera muy fanática, es un hecho histórico que saquen un disco en directo en tan buena forma más de una década después del siempre recordado Alive in Athens.

Círculo sin forma

Amorphis - CircleCircle, el undécimo álbum de estudio de la banda finlandesa Amorphis –el quinto de la era Joutsen-. Un grupo que en los últimos años se consagró para algunos –entre los que me incluyo- como de lo mejorcito que ofrecía la escena metalera internacional. Concretamente desde que cuentan con Tomi Joutsen como cantante. Un vocalista que es todo carisma y técnicamente lo que se le pide a un vocalista de metal contemporáneo. Combina los gritos guturales con melódicas voces limpias a la perfección. Le da a la música del grupo una nueva dimensión. Ha conseguido hacer más atractivo y ampliar el registro de un grupo que a estas alturas ya se ha asomado a casi todos los estilos haciéndole honor al nombre que se pusieron allá por principios de los 90, cuando profetizaron que acabarían siendo un grupo con un sonido inclasificable. Sin forma.

Bien es cierto que si en los primeros minutos no cumple las expectativas que la banda generó con sus últimas obras, es de esos discos que da la impresión de que mejorará con unas cuantas escuchas más. También es muy cierto que era pero que muy difícil producir el efecto de choque que producían sus anteriores obras maestras con las primeras notas –Skyforger sí que fue un disco redondo y no este Círculo-. También es muy cierto, en honor a la verdad, que si bien las cinco primeras notas del anterior trabajo, The Beginning of Times, ponían los pelos como escarpias, el nivel no se mantenía con el paso de los minutos como en Silent Waters o el propio Skyforger.

Esta vez no se nos habla de mitología finlandesa –los mencionados tres discos anteriores versaban sobre el Kalevala, el libro recopilatorio del folclore y la mitología tradicional finesa-, pero sí estamos ante un disco conceptual. En Circle se nos cuenta la historia de un joven que se ve envuelto en una espiral depresiva que le lleva a la autodestrucción.

La portada del anterior LP molaba un huevo –quien pille este chiste lo encontrará execrable, concedo- y la de este Circle resulta tan elegante y enigmática como acertada para su contenido. Nos anticipa una música algo menos heavy y más fina, pese a su crudeza. No en vano, y sin estar del todo de acuerdo en la nueva clasificación que se le ha dado, en los medios se está hablando de este álbum como de rock progresivo. Da igual, no olvidemos que este grupo no tiene forma –decir que es amorfo podría ser malinterpretado-.

Amorphis band Wallpaper

Aunque esperemos que no sea el fin de un ciclo, este redondo cierra un círculo musical -como su nombre indica-. La era Joutsen comenzó con un disco accesible y directo ante todo –el grupo venía de un época algo comercial- y no por ello precisamente malo. Con la siguiente trilogía sobre el Kalevala se pusieron mucho más sofisticados y desembocar en un disco progresivo con una historia como hilo conductor parecía inevitable para un conjunto que cada vez se ven más obligados por ellos mismo a ofrecer algo más pulido.

En cuanto a lo más concreto la música, la primera parte es la de mayor peso. Se abre con Shades of Grey, una canción que nos recuerda al lado más doom de la banda. Con un registro de guitarras muy grave y el berrido de guerra de Tomi. En cuarto y quinto lugar se encuentran Narrowpath y Hopeless Days. Mención especial a estas dos, la última porque ha sido el primer single de este LP y ya hay un videoclip disponible. A Narrowpath porque barrunto que será el próximo single –me extraña que no haya sido el primero-, ya que tienen todo lo que hay que tener para pasar a ser un himno de la banda. El único tema del disco que se recrea en sus raíces folk comienza con una flauta y se desarrolla de manera brillante alrededor de esa misma melodía. Por lo demás, se desarrolla este círculo de manera algo anodina pero sin llegar a dar un bajo nivel, destacando algún tema como el antepenúltimo, Into the Abyss.

Se puede clasificar la carrera musical de Amorphis atendiendo al uso que hacen de los teclados, y en este sentido siento decir que el trabajo de Santeri Kallio, el teclista de la banda, ha salido perdiendo en la comparativa. Si bien es un trabajo que destaca por su buen gusto y conseguir un efecto ambiental muy pulido, se queda en eso, en unos teclados atmosféricos. De un sonido diferente al de sus viejos trabajos, se parece a estos últimos en que son unos teclados que no resultan protagonistas en ningún momento. Lo mejor de los últimos discos de Amorphis, y lo que tenían en común, era el papel protagonista del piano, con melodías simplemente espectaculares y que eran el verdadero hilo conductor de la música.

Por desgracia, y sin querer contrariar los gustos de nadie –que veo que este disco está siendo muy bien acogido- me da en la nariz que Circle será el álbum con menos huella de los últimos que ha lanzado la banda finesa. Que ya eran muchas obras maestras y poco tiempo disponible para los conciertos. Por ahora hay que girar con él como protagonista y en octubre podremos disfrutar de esta genial banda en Barcelona, Valencia, Sevilla, Madrid y Bilbao; en ese orden. Allí estaremos.

Alberto Guzmán