El meme egoísta

Religión, juntos podemos encontrar la cura.

"Religión, juntos podemos encontrar la cura." Avatar de Richard Dawkins en Twitter.

Es lo que se lee en la camiseta que el prestigioso científico Richard Dawkins lleva puesta en su avatar de Twitter.

Esta palabra, avatar, se ha popularizado en los últimos años gracias a Internet. Especialmente gracias a las redes sociales. Igual que otras, como por ejemplo meme.

Meme. La mayoría de personas han oído por primera vez ese extraño término bien entrado el siglo XXI y creen que se trata de la propagación viral de imágenes o videos, en su mayoría chistes, a través de Internet. Sin embargo, el origen de la palabra meme data de un libro del propio Dawkins, El gen egoísta.

Un meme es la unidad teórica de información cultural; es decir, el equivalente cultural a los genes. Dawkins exponía esta teoría en el marco de sus estudios sobre la evolución genética y en contra de las ideas anticientíficas que están en las antípodas del evolucionismo. Ideas como, por ejemplo, el creacionismo o todo lo que huela a religión. Desde entonces este científico está empeñado en ayudar a la gente a desterrar las ideas irracionales de su mente.

Acerca de este libro, dice su autor:

Un editor extranjero de mi primer libro (El gen egoísta, 1976) me confesó que después de leerlo no pudo dormir durante tres noches; hasta tal punto llegó a perturbarlo su, para él, frío y desolado mensaje.

Son las primeras palabras que se pueden leer en Destejiendo el Arcoíris. En este otro libro el inglés trata de redimirse ante los que le acusan de propagar un mensaje nihilista. Ante los que piensan que sin religión la vida no tiene sentido.

Mi título procede de Keats, quien creía que Newton había destruido toda la poesía del arco iris al reducirlo a los colores prismáticos. Keats no podía estar más equivocado (…). La ciencia es, o debiera ser, una fuente principal de inspiración poética

Está empeñado, como vemos, en hacer ver que no transmite un mensaje frío y desolado:

“Vamos a morir, deberíamos sentirnos afortunados. Mucha gente nunca tendrá la oportunidad de morir porque nunca habrá nacido”.

A roja de ateísmo

A roja de ateísmo

Es una de las ideas que suele repetir en sus escritos y conferencias.

Hasta hace poco, en su avatar de Twitter también podíamos ver la A roja, escudo de armas del movimiento ateo. Otro meme internacionalizado a través de la red.

Está tan empecinado en su cruzada antirreligiosa, en convencer a la gente de que el evolucionismo ha destronado a la religión para siempre, que más de uno de sus lectores quizás ni siquiera sepa que Dawkins es etólogo. O quizás ni siquiera sepan que la etología es la rama de la biología y de la psicología experimental que estudia el comportamiento de los animales en el medio en el que se encuentran.

Pese a que una reseña del New York Times Book Review lo celebraba como un escritor que “comprende las situaciones de una forma tan clara que fuerza a que sus lectores también las comprendan”. Hay quien le acusa de ser demasiado plomizo en sus escritos.

Se le acusa de quedarse con su condición de catedrático de Oxford. De no ser lo suficientemente explicativo para la mayoría de la población. De no ser lo suficientemente divulgador pese a que así se le presente muchas veces.

En Internet, ese medio plagado de memes, circula un video que cuenta con millones de visitas: Neil de Grasse, conocido divulgador científico que será uno de los encargados de dar continuidad a la mítica Cosmos de Carl Sagan le reprocha a Dawkins que no sea capaz de hacer esto mismo que hacia Sagan, conectar con la gente para persuadirles. Que no haga más esfuerzo por divulgar hacia la mayoría de la gente.

Dawkins responde con su estilo de gentleman:

“Acepto gentilmente la observación, sólo una pequeña anécdota para mostrar que no soy el peor en esto.”

Y, entre risas tímidas, continúa:

“A un antiguo y exitoso científico editor de la revista Nuevos Científicos le preguntaron cuál era la filosofía en su revista y él dijo: nuestra filosofía en Nuevos Científicos es ésta, La Ciencia es interesante y si no estás de acuerdo que te jodan.”

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Tom Wolfe y el Nuevo Periodismo

“(…) Ya que nada más se había hecho, nada quedaría. Los Nuevos Periodistas –Paraperiodistas- tenían todos los años sesenta locos de Norteamérica, obscenos, tumultuosos, mau-mau, empapados de droga, rezumantes de concupiscencia, para ellos solos.”

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Este libro supone una recopilación de textos de varios autores, una antología de lo más representativo de este Nuevo Periodismo que le da título. ¿A qué se refiere Wolfe? Él mismo lo explica en la primera parte de las dos que componen el libro mientras su ego se va asomando en cada página hasta aparecer en toda su dimensión; mientras juega a mezclar realidad y ficción, realismo y romanticismo, academicismo y arte. Al más puro estilo New Journalism.

El Nuevo periodismo

El juego del reportaje

Tom Wolfe nos habla de sus sensaciones y experiencias de primera mano en los medios de comunicación nada más terminar sus estudios superiores y doctorarse en Literatura Norteamericana en 1957. Habla de un mundo sórdido, de golfos y borrachos mercenarios de las letras que se hacían la competencia sucia para publicar el mejor reportaje de la ciudad de Nueva York y que, a base de eso, cuando se dieron cuenta habían creado un nuevo género literario que destronaría a la novela como principal género en los consiguientes años. Se dibuja el panorama de las oficinas de los medios neoyorquinos y se explican ciertas carreras profesionales de estos expertos en reportajes que utilizaban las publicaciones como Herald Tribune como manera de llegar a su gran triunfo final, “El triunfo final se solía llamar novela”.

Igual que una novela

Con un artículo publicado en Esquire en 1962 explica Wolfe cómo fue el primer texto periodístico que pudo ver ante sus ojos que  “podía leerse como un relato breve”. “¡Qué demonios pasa!”, fue su primera reacción. Tal y como explica el autor, “ahora se podía provocar al lector de forma a la vez intelectual y emotiva”. También se cuenta que la primera reacción de la crítica literaria no fue precisamente positiva. No se podía, de primeras, tener a un periodista la consideración de literato, un artista de inspiración tan divina y elevada. Estos reporteros rompieron esquemas en muchos sentidos.

Así se explica la génesis de la no-ficción y lo que supuso alrededor, sus influencias, críticas, motivos…

Tomando el poder

A partir de la segunda mitad de la década de los 60 el estilo se define y asienta. Un estilo etéreo sin centro físico de reunión y objetivos muy claros pero que, de alguna manera, apareció. También se cuenta como, una vez el nuevo periodismo ha triunfado, se gana unos enemigos que según el autor se movían por “amargura, envidia y resentimiento”. Se llegó a cobrar la etiqueta despectiva de “paraperiodismo”.

Según Wolfe hablando de estos críticos, el problema era su mentalidad reaccionaria. Las clases de escritores se dividían en novelistas, hombres de letras y periodistas; por ese orden y no estaban dispuestos a aceptar que esta última clase se erigiera en la élite. Sin embargo, el neoyorquino trata de descalificar esta teoría rompiendo las prejuiciosas barreras en el escalafón del escritor recordando cosas como que Balzac se refería a sí mismo como “el secretario de la sociedad francesa”. También se continúa estableciendo paralelismos entre novelistas clásicos y periodistas -o paraperiodistas- coetáneos al autor explicando qué recursos literarios utilizaban estos últimos, en qué se parecían y por qué no se diferenciaban tanto.

Pero ¿Es el nuevo periodismo realmente nuevo?; aquí se analizan las raíces históricas del estilo y establece una clasificación de autores anteriores candidatos a considerarse precursores; igual que en Trabajo de preparación se explica el modo de recoger material de los nuevos periodistas desde sus antecesores.

La segunda parte está compuesta por varios relatos periodísticos de diversos autores. precedido de un breve prefacio de Wolfe. Destacan, así por hacer una antología de la antología:

A la rica Marihuana y otros sabores, de Terry Southern

Un ejemplo pionero del periodismo a lo gonzo que popularizó el fantástico Hunter S. Thompson con el mítico Miedo y asco en Las Vegas. Wolfe dice de este escritor que fue el creador del Nuevo Periodismo. En teoría, este texto debería explicarnos el día a día de unas chicas que se encuentran en una academia para majorettes, ese fue el encargo del medio. Como hace un gonzo, Southern acaba hablándonos de sus divagaciones personales utilizando el presunto reportaje como mero telón de fondo.

La Dolce Viva, de Barbara L. Goldsmith

Thomas Wolfe lo llama entrevista artículo. Está escrito completamente como si fuera un relato de ficción. Es decir, en ningún momento el periodista se incluye como autor –en este caso sería como entrevistador- sino que es una novela como cualquier otra de nonfiction. Aun así, insistimos en que se basa en una entrevista que la autora hace a una actriz que apareció en películas de Andy Warholl tratando de retratar su decadente estilo de vida.

Beth Ann y la macrobiótica, de Robert Christgau

Relato sin diálogos y muy bien documentado en todos los sentidos en el que se cuenta la historia de una joven muerta por llevar al extremo la moda de la dieta Zen Nº 7. Al contrario que muchos otros ejemplos, está escrito desde fuera. Es decir, el periodista no ha vivido ninguna escena de las que habla sino que se debe documentar a través de relatos de otras personas allegadas a la afectada.

La izquierda exquisita & maumaundo al parachoques, de Tom Wolfe

Colofón final del propio Tom Wolfe. Son dos extractos del mismo libro. El autor hace aquí un retrato de la forma más seria y documentada posible de algo que acaba resultando irremediablemente esperpéntico. Una elite intelectual neoyorquina que quiere a cualquier costa comprender los motivos de grupos extremistas como los panteras negras para poder apoyarles. El siguiente, muestra de manera más cruda la realidad de los suburbios de Nueva York.

Explica el propio Wolfe que el motivo por el que se han contrapuesto estos dos relatos en el último fragmento es para que se perciba el choque entre las clases más altas y más bajas respectivamente de la sociedad neoyorquina. Precisamente este hermanamiento imposible que tiene lugar entre la alta sociedad y asociaciones como las panteras negras, provenientes de suburbios, es el reflejo de lo que se quiere mostrar.

Lo nuevo y el periodismo

El estudio olvida a los autores no estadounidenses pese a que algunos como Tomás Eloy Martínez fueron ilustres en este campo. Se limita a mencionar de pasada algún nombre como el del colombiano Gabriel García Márquez. En buena medida, se entiende que así sea, ya que más que un erudito análisis académico sobre el fenómeno literario, Wolfe escribe unas memorias retrospectivas sobre el movimiento contracultural en el que él mismo se vio inmerso. Teniendo esto en cuento, al hacer estos ensayos está haciendo Nuevo Periodismo, al menos siguiendo las líneas principales de éste.

 Logotipo del periodismo Gonzo, con el botón de peyote

Logotipo del periodismo Gonzo, con el botón de peyote

Uno de los rasgos definitorios del Nuevo Periodismo es la influencia de esta llamada contracultura estadounidense de la época hippie. Otro rasgo, que el propio autor exalta cada vez que puede a lo largo de sus ensayos, es el parecido con la novela llamada realista de gente como Dickens y Emilie Zola. Ambos elementos se juntan aquí creando una curiosa simbiosis contradictoria.

Las influencias de esta contracultura de la que hablábamos se notan en hechos como el de hablar de la actriz fetiche de Andy Warholl, una marcha pacifista en Washington o reuniones de la bohemia neoyorquina con el grupo Panteras Negras. En el primer ejemplo, el retrato de la actriz resulta tan realista que deja de lado cualquier romanticismo o ideal, como el que Warholl quiere llevar en sus películas, para mostrarnos la decadencia en la que se ve envuelta una desgraciada actriz que lleva la triste vida de un juguete roto.

En el último ejemplo, el de las Panteras Negras se retratan el realismo de la frivolidad de la jet set estadounidense y el de la cara más amarga de los suburbios en los que viven los negros neoyorquinos. Pese a que el decorado de fondo es un intento de crear algo idílico, se nos acaba mostrando lo frívolo y hasta esperpéntico que acaba siendo el acto. La peor parte y más fea, que parece caer por su propio peso conforme vamos leyendo, aunque Wolfe no pretende ser crítico en su prosa sino aferrarse al más puro realismo posible en la narración. Quería simplemente dejarnos retratado con palabras lo que ocurría.

También reseñamos que las obras paradigmáticas del estilo no se solían encontrar en periódicos sino más bien en revistas. El autor no resalta este hecho durante la obra, aunque la mayoría de soportes que nombra son revistas. Aquí podríamos preguntarnos si el estilo del nuevo periodismo es conveniente para los periódicos. ¿Estaría bien olvidarte del hecho verdaderamente concerniente para acabar exaltando la figura del yo como podemos leer en algunas de estas líneas? Puede que para la revista Rolling Stones –para la que trabajaba Hunter S. Thompson- sea una obra fantástica pero lo que busca un lector de periódicos es leer noticias y que el periodista le aclare qué ha pasado, cuándo ha pasado, por qué, etc…

La conclusión resulta que inevitablemente está abierta. El estilo puede tener sus pros y sus contras, sus seguidores y sus detractores, pero dentro de la profesión periodística, está bastante claro que no siempre estará justificado su uso. Podemos poner en cuestión incluso el hecho de que sea una práctica periodística. En varias líneas, el estadounidense deja bastante claro que, al menos en lo que a él toca, está hablando de un estilo literario. Los nuevos periodistas son los herederos de Dickens y Balzac, no de Pullitzer o Hearst.

De hecho, el termino Nuevo Periodismo también ha sido utilizado para describir la corriente renovadora más puramente periodística que llevaron a cabo estos dos últimos nombres mencionados. Estos empresarios de los medios de comunicación fundaron lo que desde entonces se vino a llamar prensa amarilla y que sí que resulta un verdadero punto de inflexión en la historia de los medios de comunicación propiamente dichos. En la manera de llevar los medios, en los quehaceres periodísticos, en los hábitos de consumo… Puede que el Nuevo Periodismo de Wolfe tenga menos de periodismo que de otras cosas –el ego de los autores gonzos puede desembocar en lo más antiperiodístico jamás escrito, si lo pensamos- pero las fronteras del periodismo son tan difusas que no tenemos más remedio que dejar el debate abierto. Esté mejor o peor para cada persona o caso, estamos hablando de magníficos periodistas. Solo podemos reconocerle el mérito que tuvieron a una generación de autores que cambiaron lo que leemos y escribimos en todos los aspectos. Aun hoy podemos leer una novela, un reportaje en una revista, una entrevista en un periódico o ver una película que de alguna manera –la que sea- viene de estos años, de la contracultura estadounidense.

El artista y el (para)periodista

Ya sea a través de las divagaciones internas del autor, de sus memorias, de sus críticas o de los ejemplos de otros autores que se suceden en más de la mitad de sus de sus páginas, se reflexiona sobre los logros y sobre el legado que dejaron los compañeros de profesión que fundaron, sin quererlo ni proponérselo, este nuevo estilo literario y piedra angular del periodismo de finales del siglo XX. Con esta serie de artículos, el estadounidense Tom Wolfe bautiza al nuevo estilo periodístico y literario. Porque, en esencia, el Nuevo Periodismo es esa combinación entre periodismo y literatura. Eso es lo que define al movimiento.

Un dato que se desprende cuando se habla del periodismo es que la figura del periodista se ve hasta vilipendiada en todo momento. Tanto los críticos de la cultura desprecian a los periodistas como ellos mismo lo hacen al querer salir de esa profesión cuanto antes. Cuando mejor se retrata la figura del periodista es comola de una gran mente en el anonimato, sin gloria y malviviendo en la espartana redacción.

Se trata de una idea algo despreciativa del periodismo. Aun con todo, y se mire desde el punto que se mire, el fenómeno del que se nos habla fue la base de un alto porcentaje de lo mejor que se haya podido leer desde mediados de siglo. Si bien en el periodismo más puro puede no tener cabida este anárquico estilo, entre noticia y noticia de actualidad es lo que hasta ahora le ha dado frescura a las publicaciones de la profesión.

Nosotros podríamos decir, eso sí, quela corriente ha aportado algo muy importante. En los medios actuales, en una cultura crecientemente audiovisual, estamos muy acostumbrados a ver muchas noticias que realmente no lo son. Lo único que hace que la demolición de un edificio sea una noticia digna de salir en los telediarios es que existe un video con la espectacular demolición que puede ser mostrada en pantalla y captar la atención del espectador. El hecho de que haya sido demolido un edificio en un pueblo del sur de Estados Unidos no es, sin embargo, un hecho que se pueda considerar noticiable según unos criterios básicos de qué es y qué no es noticia en la actualidad española. ¿Por qué hemos visto este video en el telediario entonces? Por una forma espectacular. Pero, eso sí, el fondo es nulo. El nuevo periodismo fue una forma que aúna de manera magistral fondo y forma. Precisamente en ese punto convergen periodismo y literatura, en la pertinencia de uno y la belleza de otro. Con sencillez y en palabrasdel propio Wolfe “un periodismo que se pudiera leer igual que una novela”.

Wolfe en todo lo suyo

Wolfe en todo lo suyo

La ya mencionada contracultura sesentera –que aquí también se menciona con la expresión “el abandono de normas”- hemos visto que fue un pilar fundacional del estilo. Ese mismo abandono de normas que se vio en algunos sectores de la sociedad fue el que siguieron estos escritores para, de manera incluso valiente, llevarle la contraria a los que parecían querer poner a cada uno en su sitio y acabaron dando rienda suelta a su creatividad en los periódicos. Al más puro estilo hippie.

A resaltar también otro punto del libro: Wolfe desarrolla en su tercer ensayo la teoría de los cuatro procedimientos que debe llevar a cabo el autor. A saber:

  • “El fundamental era la construcción escena por escena, contando la historia saltando de una escena a otra.”
  • “El dialogo realista capta al lector de forma más completa que cualquier otro procedimiento individual.”
  • “La técnica de presentar cada escena al lector a través de un personaje particular.”
  • “La relación de gestos simbólicos que pueden existir en el interior de una escena. (…) Simbólicos del status de vida de las personas.”

También diremos que Wolfe trata de explicar en todo momento de lo que supuso la aparición del nuevo periodismo para la novela estadounidense; o, como poco, para la novela en general. Sin embargo, no lo vemos tan pendiente de explicar qué supuso para el oficio periodístico o para la etérea idea del periodismo en sí, del cuarto poder. De hecho, de entre las dos vertientes que confluyen en el nuevo periodismo; es decir, el periodismo y la literatura, es el primero el que sale peor parado. El autor se ve a sí mismo como un literato y no como un periodista y sus explicaciones basan la grandeza de este nuevo estilo, precisamente, en su lado literario y no el contrario. Es como si al ser literario, al estar tan cercano a la magia de la novela, el artículo, la entrevista o el reportaje se engrandeciera, se convirtiera en una grandiosa y bella obra de arte, y no en una fría y burocrática noticia que se limita a explicar que ha pasado tal cosa en tal sitio. De hecho, se habla de cómo el triunfar con una novela era lo mejor que le podía pasar al periodista de la época. Dicho de otra manera, dejar de ser periodista era la mejor que le podía pasar a un periodista.

Una historia de la Guerra Civil que no va a gustar a nadie

“Mis lectores aprecian que emplee el humor para decir las cosas serias, especialmente cuando contamos historias que, en el fondo, no tienen nada de divertidas”.
Juan Eslava Galán

historia guerra civil

Cuando uno se pone a ojear libros sobre la Guerra Civil lo primero que hace es mirar a ver de qué bando es el autor –“¡yo de este no leo nada que es un facha!” ¿Les suena?-. Este autor del que hoy les hablo sin embargo es capaz de presentarnos datos de fuentes tan dispares como Ricardo De la Cierva –a quién creo que ya ni resultará polémico llamar historiador profranquista-, pasando por fuentes documentales de primera mano, como las anotaciones personales de no sé qué miliciano en no sé qué frente o hasta las historias de la guerra del tío de un amigo. En todo este montón de papeles, Juan Eslava Galán se limita a mostrarnos lo que hay, quedándose él en un lugar intermedio y, sobre todo, dejando claro qué es lo que pudo ocurrir de verdad y qué es lo que no está tan claro que sea verdad. Un punto de vista simplemente escéptico.

El problema de tener miedo a decir que unos fueron más buenos o los otros fueron más malos es que se puede caer en la reserva de decir claramente que uno de los bandos era una dictadura fascista que atacaba a una democracia liberal. Alguno incluso tendrá miedo de decir la palabra fascista no vaya a quedar muy maniqueo.

Pero su gran valor, el que vertebra el lomo de este libro es: la historia es narrada a través de intrahistorias con las que se comprende mejor el carácter casero de esta guerra entre vecinos. El libro –que realmente es un ensayo- a ratos está incluso novelado y la historia seva viendo a retales desde los ojos de algún pequeño actor, sea secundario o protagonista –como el pobre desgraciado al que torean, banderillas incluidas, como castizo e imaginativo modo de ejecución-. Con diálogos y todo.

Por cierto, capítulo memorable el que narra como si tuviéramos una novela en las manos el famoso discurso de “Venceréis pero no convenceréis” de Unamuno en la Universidad de Salamanca; gresca con Millán-Astray y Carmen Polo mediante.

Un libro de Eslava Galán tiene tres puntos fuertes: su extensísima documentación sobre cualquier tema que trate –que no han sido pocos-, su lucidez y escepticismo, y una ironía fina como un hilillo de seda que deja deslizar de manera sutil y genial entre tanto rigor y seriedad. El libro está increíblemente bien documentado y el talento expositivo del autor es casi tan monumental como su munición narrativa. En ningún momento cae  Eslava Galán en la trampa fácil de la palabra que sobra. Ningún sinónimo culto se vuelve pedantería y su excelente trabajo de documentación se aprecia incluso en el uso del lenguaje propio del tema y de la época.

De hecho, en el título dice el autor que la historia está narrada para que no le guste a nadie; otros títulos de sus libros decían dirigir la obra a los escépticos. En estas obras subyace el mismo espíritu: el de la exposición escéptica y rigurosamente documentada. Eslava Galán es el mejor divulgador del positivismo en las letras españolas, sólo que éste, al contrario que otros a los que también se llama divulgadores, sí que puede ser leído sin ningún esfuerzo por el ciudadano medio o por el que no esté por la labor de hacer el esfuerzo en digerir un ladrillo –algo a veces tan desgraciadamente necesario-. Es más, se lee con mucho gusto y te engancha desde el principio.

Que no les engañe a ustedes esa pinta de profesor de instituto de un pueblo de Jaén. Este autor tan acostumbrado a tratar temas como la Guerra Civil, los Visigodos o las rutas de la Andalucía profunda tiene de rancio lo que yo de monje y su sentido del humor es su escudo de armas. Si quieren ver en todo su apogeo su genial y sarcástico sentido del humor, con el que tira contra todo lo dogmático, véase su fantástico El catolicismo explicado a las ovejas (del señor). Cuando se pone a repartir críticas a curas, políticos o hasta a colegas de profesión lo hace de lo lindo y le sobra metralla –metralla muy finita y sutil, como ya he dicho- para todos.

Y es que, al final, de eso va este libro sobre la Guerra Civil, de colocarse en contra de todo lo dogmático. Explica lo que dicen unos, lo que dicen otros –emitiendo continuos juicios de valor, eso también, por descontado- y a ratos se nos tiene que dibujar una sonrisa inesperada y cómplice de admiración entre tanto drama y tanta sensibilidad aún a flor de piel.

Sirva como ejemplo cuando se cuenta la historia de la talla de Lenin que fue colocada por los nacionales  en la iglesia de un pueblo para representar a las hordas ateas y que durante la transición volvió a ser la representación de un moro para no ofender a los comunistas: (Ahora, el moro vencido de Castaño del Robledo vuelve a ser políticamente incorrecto, especialmente tras la amenaza del fundamentalismo islámico. Quizá sería aconsejable sustituirlo por un marciano.)” Remata.

En fin que una fina dosis de humor hace más llevadera la lectura e incluso el peso de una carga tal como la de una historia que muchos autores consideran el mejor ejemplo del cainismo español que, si es que existe de verdad, se representa en estas páginas de manera brillante. Con los dos gañanes que pintó Goya enterrados hasta las corvas y dándose de garrotazos como portada y como avance de lo que nos vamos encontrar.