La homeopatía en Murcia

Nota: Este reportaje fue escrito a finales del año 2013 a raíz de esta noticia. Fue hecho para ser publicado en un periódico de papel, lo que finalmente no ocurrió por causas muy ajenas a mi voluntad.

La noticia médica de esta semana era que el Ministerio de Ana Mato dará el visto bueno definitivo a los medicamentos homeopáticos. Esto ha devuelto a la actualidad esta discutida terapia natural. Sus críticos la tachan pseudociencia, sus defensores de ser más natural que la medicina química y provocar menos efectos secundarios.

A la misma vez, durante esta misma semana terminaba de celebrarse en la Universidad de Murcia la primera Cátedra SEMG de Medicina de Familia y actitudes saludables, cuya creación vino envuelta de polémica por culpa, precisamente, de su supuesta relación con la homeopatía.

Polémica por una Cátedra

A mediados de enero de este año la Universidad de Murcia anunciaba la creación de la “Cátedra UM-SEMG-HEEL de medicina de Familia y Actitudes Saludables”. La explicación a este nombre tan largo y complejo es que se incluía en él a sus patrocinadores. Se trataba de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG) y los laboratorios Heel España. En la misma noticia se precisaba que estos últimos aportarían 60.000 euros durante los próximos tres años.

Pocas semanas más tarde, el diario La Verdad de Murcia se hacía eco de una denuncia de la Plataforma NoGracias –una organización “dedicada a promover y fomentar un sistema de salud democrático y al servicio de la sociedad”, según su propia descripción-. Se denunciaba, concretamente, “la firma de un convenio de la UMU con un laboratorio de homeopatía para la Cátedra de Atención Primaria sin informar previamente a los profesores del departamento” esto supondría, según ellos, pérdida de “independencia y objetividad”.

Efectivamente, Heel -Healthcare Designed by Nature- es una empresa alemana dedicada a la fabricación y venta de “medicina biorreguladora” con “mínimos efectos secundarios, a diferencia de los medicamentos químicos.” Ésta es su propia descripción. Heel no se define a sí mismo como un laboratorio homeopático sino como una empresa que pretende “servir de puente entre la homeopatía y la medicina convencional con la promoción de un nuevo concepto terapéutico: la Medicina Biorreguladora.” Eso sí, ellos mismos nos han confirmado que su medicina puede llamarse homeopática sin ningún problema.

Los medicamentos homeopáticos han provocado críticas desde la medicina ortodoxa por estar carentes de rigor científico, según las voces escépticas.

Unas semanas más tarde en el mismo diario se titulaba: “La UMU analizará la polémica sobre la homeopatía por si hay que rectificar”. Estas últimas palabras las pronunciaba el rector José Antonio Cobacho, quien también señalaba que “el proyecto está avalado por una sociedad médica, y no es una cátedra sobre homeopatía”.

Más claro fue el decano de la Facultad de Medicina, Joaquín García-Estañ López, quien, mandaba un mensaje a todos los miembros de la facultad que dirige con el claro título de “NO HAY CÁTEDRA DE HOMEOPATÍA”. En él aseguraba que no sólo es falso que se haya creado una cátedra de tal temática, sino que tampoco está prevista su creación.

Igual de claro fue con nosotros. El decano nos aseguró rotundamente que, por mucho que cuente con el patrocinio de los laboratorios Heel, el curso no tiene ni la más mínima relación con la homeopatía.

La polémica no venía provocada sólo por el hecho de que existiera una posible relación con un laboratorio homeopático. Algunas voces de la Facultad rechazaron la fórmula del patrocinio, viniera de dónde viniera. “No somos partidarios de que la Atención Primaria esté presente en la universidad a través de una cátedra patrocinada”, es lo que decía el presidente de la Sociedad Murciana de Medicina Familiar y Comunitaria.

Pero este modelo de financiación está cada vez más presente en unos tiempos de carestía en los que las propias universidades denuncian que los recursos dedicados a educación son cada vez menores.

Homeopatía en la Universidad de Murcia

Sin embargo, hubo algo que no se mencionó en ese momento, ya existe un curso de posgrado sobre homeopatía desde los años noventa. De esto último se mostraban muy orgullosos en La Opinión desde laboratorios Boiron hace unos meses. Por otra parte, la UM no es precisamente la única. Universidades españolas como la UNED o la universidad de Zaragoza también imparten estudios superiores de esta especialidad desde hace años.

Esta disciplina está científicamente discutida, pero el verdadero trasfondo de la situación, el debate que se generaba y lo que se denunciaba era: ¿La posibilidad de que entre en la universidad pública dinero de intereses privados es algo que necesita nuestra sociedad en estos momentos de crisis económica o es algo que sólo consigue poner la educación pública al servicio de interés dudosos?

¿Aporta Heel España con 60.000 euros a la UMU sin pedir nada a cambio? Según nos dicen voces internas de la Facultad de Medicina, el posible motivo por el que este laboratorio patrocina unos estudios en la universidad pública podría ser el de conseguir publicidad para su empresa. Hay que tener en cuenta que, hasta ahora, los medicamentos homeopáticos no pueden anunciarse como tales, ya que no han probado clínicamente su eficacia. Con la nueva ley, ésta pasaría a ser una de las cosas que cambiarían y estos medicamentos podrán publicitarse como cualquier otro.

Lo que queda rotundamente desmentido es que ésta Cátedra de Medicina Familiar, que se está terminando de impartir en la Facultad de Medicina del Campus de Espinardo esta misma semana tenga relación alguna con la enseñanza de la homeopatía.

Qué es la homeopatía

La homeopatía es una práctica médica calificada como “alternativa”, “complementaria” o “natural” que se encuentra muy discutida desde su nacimiento y, como vemos, está calando en la sociedad no sólo hasta el punto de que casi todo el mundo ha oído hablar de ella –el boca a boca es su principal medio de difusión, ya que hasta ahora su publicidad estaba prohibida-; sino que vemos cómo lleva años introduciéndose en las universidades españolas.

En los últimos tiempos ha sufrido un repunte popularidad y cada vez más gente la usa. Por otro lado, la aparición en los últimos años, sobre a todo a través de Internet, de asociaciones encargadas de divulgación científica ha hecho que se extienda a través de los medios el discurso que habla de ella como una patraña anticientífica; lo cual se viene denunciando desde hace siglos.

Sus defensores hablan de falta de efectos secundarios. La versión de sus críticos es que si no hay efectos malos es porque el tratamiento no tiene efectos de ningún tipo, ni buenos ni malos. Al menos más allá del efecto placebo.

Del otro lado, cada vez son más los médicos que la prescriben o incluso se especializan en ella. De hecho, según varias farmacias consultadas, cada vez son más los médicos de cabecera que la prescriben “sobre todo en pediatría”, nos comentan. No solamente los especialistas homeópatas la recetan. Algo que, según nos dicen, “hace años no pasaba”. Todas las farmacias consultadas la venden, y existen varios e importantes laboratorios dedicados a ella. El hecho de que estas empresas, de gran poderío económico, introduzcan dinero en la educación pública para acercarla a sus posibles intereses es lo que algunos denuncian.

Según la página web del primer fabricante mundial: “Los medicamentos Boiron se preparan a partir de materias primas de origen vegetal, animal y mineral-químico”. Esto es decir tanto como que pueden presentarse en estado sólido, líquido o gaseoso. Todos los medicamentos tienen, de alguna manera, una materia prima de origen vegetal, animal o mineral químico.

Similia similibus curantur

La versión homeopática es que estos medicamentos curan utilizando la “ley de la similitud de Hahnemann” -similia similibus curantur-. Se trata la enfermedad con una dosis infinitesimal de la misma sustancia que la provoca. Aun así, en el medicamento en cuestión esta sustancia está tan diluida que se sabe que no actúa como principio activo.

De hecho, cuanto más potente sea la dilución -es decir cuanto más diluida esté la sustancia- más potente es el efecto provocado, según sus defensores. Este es el motivo por el que estos remedios se venden en las farmacias con la etiqueta de 2CH, 5CH o 10CH. Es decir, diluido dos, cinco o diez veces. Por poner un ejemplo gráfico, la dilución 8CH es igual a una gota de agua en un gran lago de 10 km2 por 20 m de profundidad, según explica el doctor Víctor-Javier Sanz.

Los médicos homeópatas esgrimen la “ley de memoria del agua”, que asevera que ésta recuerda las propiedades de las sustancias con las que ha estado en contacto. La comunidad científica recuerda que esta teoría no está ni mucho menos demostrada. De hecho, se suele decir en su contra que si el agua tuviera esta memoria recordaría las propiedades de todas las sustancias con las que ha estado en contacto, no solo con las que se mezclan en el laboratorio.

También se apoyan los defensores de esta medicina natural en teorías como la de la “fuerza vital” que recuerdan más a campos como el de la teología o la mística parapsicología. Hay que tener en cuenta que en tiempos de Hahnemann no existía la medicina tal y como la conocemos ahora, sino que además estaba muy emparentada con lo mágico. La homeopatía no ha avanzado de la mano del progreso científico, se ha adaptado comercialmente.

Placebo

Lo cierto es que ningún estudio científico ha conseguido distinguir los efectos de la homeopatía de los del efecto placebo y esto es lo que destacaba un informe emitido el pasado 2011 con objeto de regular legalmente las prácticas de medicina natural.

Cuando al científico, filósofo y activista del ateísmo Bertrand Russell le preguntaron en una entrevista en la BBC “¿No cree usted que los preceptos del cristianismo pueden ayudar a la gente?” Él contestó: “Por supuesto, pero eso no los convierte en verdaderos”. Que nos receten un placebo puede ser una mentira piadosa por parte de nuestro médico, pero hasta qué punto podemos considerar legítimo esto es algo para lo que existen multitud de opiniones.

En cualquier caso, pese a la posible bondad del efecto placebo, el debate no es, en este caso, si los médicos deben recetar placebos a sus pacientes. Los homeópatas defienden sinceramente la veracidad de su medicina alternativa y no como placebo sino como medicamento real.

Situación legal en España

Las llamadas terapias naturales se han encontrado siempre en un limbo legal. En España se pueden vender en farmacias aunque no están registradas del mismo modo que los que han podido probar su eficacia mediante ensayos clínicos. Se pueden vender en farmacias, por tanto, pero no pueden, por ejemplo, anunciarse. La intención del Ministerio es regular esta situación, la cual se viene dando desde mediados de los 90 gracias a una disposición que pretendía ser transitoria pero que dura desde entonces.

Una de las cosas que siempre se ha denunciado, tanto desde círculos escépticos como desde el lado de los defensores de esta pseudociencia es la falta de regulación legal.

El informe encargado por el Senado tras el último intento de regular estas prácticas denunciaba, en 2011, que “no es sencillo identificar claramente a los profesionales de las terapias naturales, porque tampoco es fácil saber cuáles son éstas, como consecuencia de las múltiples tipologías, procedimientos y concepciones que se engloban bajo esta denominación”. Hasta el punto de que hay personas que realizan terapias naturales “sin poseer ninguna titulación de formación ni cualificación profesional”.

A la misma vez, este informe titulado “Documento de análisis de situación de las terapias naturales”, que fue encargado al Ministerio de Sanidad resumía:

“En general, las revisiones realizadas concluyen que la homeopatía no ha probado definitivamente su eficacia en ninguna indicación o situación clínica concreta, los resultados de los ensayos clínicos disponibles son muy contradictorios y resulta difícil interpretar que los resultados favorables encontrados en algunos ensayos sean diferenciables del efecto placebo.”

La última ley que pretendía poner algo de orden respecto a esta situación en España está fue el Real Decreto 1277/2003 del 2003, el cual establece una clasificación y definición para los centros y servicios médicos. La ley engloba a esta modalidad homeopática, junto a otras como la acupuntura como “terapias no convencionales”. La Región de Murcia es una de los cuatro comunidades que desarrolló una legislación propia a partir de ésta -Decreto 73/2004, de 2 de julio- pero el informe de 2011 señalaba que este decreto se limitaba a reproducir la ley española. Desde la Consejería de Sanidad nos aseguran que esto es así porque no se permite introducir nada nuevo que no venga del Ministerio de Sanidad.

La polémica sobre legislar acerca de los productos que no han demostrado científicamente su eficacia no es nueva y ha tenido sus variaciones, obviamente, con respecto a cada país.

Fue sonado el caso de la pulsera Power Balance, que llegó a prohibirse en Australia en el año 2010 porque la ley la consideró una estafa. Mientras, en los medios de comunicación españoles la lucieron personalidades como, el que luego sería lehendakari, Patxi López durante su campaña electoral. Más criticado fue que la luciera quien en ese momento era ministra de Sanidad, Leire Pajín.

La legalidad de los medicamentos homeopáticos se basa en su inocuidad. La idea de que, aunque no curen, tampoco pueden hacer daño es la base legal sobre la que se asienta su venta pese a que no han pasado los mismo ensayos clínicos que los medicamentos alopáticos –que es como esta pseudociencia llama a la medicina convencional-.

Según los defensores de la homeopatía, su validez está demostrada en estudios científicos. Según la comunidad científica, esto no es del todo cierto. Aseguran que si está probada su validez mediante el método científico es únicamente como placebo.

Médicos homeópatas y médicos alópatas

En 2009 la OMC -Organización Médica Colegial- decidía “dar un paso importante y reconocer la homeopatía como acto médico”. Se trataba, decían, de “impedir que esas actividades las lleven a cabo personas sin la formación adecuada”, como aseguraban que estaba pasando. Denunciaban que esto constituye “un alto riesgo para la salud de la población”.

¿Pero debemos considerar necesario que los médico homeópatas cuenten con una certificación? ¿Tiene cabida en la universidad del siglo XXI una medicina tachada de no científica?

La postura sobre qué hacer ante una situación tal no está precisamente resuelta en nuestra sociedad. De cualquier manera, desde la UM nos aseguran que si bien existe un posgrado de Especialista Universitario en Terapéutica Homeopática, también existen muchas opiniones internas discrepantes al respecto.

Murcia a la cabeza

El pasado año 2012 el diario murciano La Opinión hablaba de la situación de esta pseudociencia en nuestra comunidad. El titular era: “Casi la mitad de los murcianos han recurrido a la homeopatía”. A la vez se explicaba que “el estudio cifra en un 35% los murcianos que usan la homeopatía regularmente o de forma ocasional”.

El estudio de los laboratorios Boiron ponía de manifiesto que Murcia era la cuarta comunidad con mayor número de usuarios, “sólo superada por Navarra, Aragón y Cataluña”. Según este mismo estudio, en Murcia hay más de mil médicos que prescriben este tipo de medicamentos, siendo 200 de éstos especialistas homeópatas.

A su vez, mientras que el mayor medio de difusión homeopático siempre fue el del boca a boca, en nuestra región “uno de cada tres usuarios asegura haber conocido estas terapias a través de médicos o farmacéuticos”. Este dato resulta bastante reseñable, ya que se trata del porcentaje más alto de toda España.

En este mismo medio se publicaba una entrevista a Miguel Barelli, director de relaciones institucionales de los laboratorios Boiron. Según él, el curso postgrado que se estudia en la universidad de Murcia “ha sido un ejemplo para otras universidades de España”. A la vez, se congratulaba de lo siguiente: “la Universidad de Murcia tiene proyectos de investigación con medicamentos homeopáticos, algo que no es frecuente en el resto de España”.

Además del citado Curso de posgrado de Especialista universitario en Terapéutica Homeopática, que concluyó el pasado mes de noviembre su cuarta edición.

Con todos estos datos quedan comprobadas dos cosas: la primera es que la homeopatía no es nueva en nuestra universidad, la segunda es que Murcia está la cabeza del uso de esta técnica desde hace años.

Miedo al doctor Frankenstein

En los inicios de los medios de comunicación de masas la imagen que se ofrecía de lo relacionado con la ciencia y el progreso tecnológico estaba cargada de previsiones optimistas sobre cómo la ciencia nos estaba mejorando la vida. La llegada de la penicilina, la corriente eléctrica o el automóvil habían llenado de ilusión a la gente. Más tarde, allá por los 50 se vivió una fiebre OVNI y de todo lo relacionado con el espacio debido a los ilusionantes principios de la aeronáutica y los viajes espaciales.

Pero tras el trauma que había supuesto la Segunda Guerra Mundial, y en plena carrera armamentística nuclear de la Guerra Fría, la opinión pública cambió de pareceres y se comenzó a recelar de la ciencia, pues el progreso tecnológico había llevado al mundo a una situación límite. Hay que tener en cuenta que tanto Estados Unidos como la Unión Soviética tenían el poder de destruir a toda la humanidad usando su armamento nuclear si querían. Sólo era necesario pulsar el famoso botón rojo.

En 1965 el cantautor Barry McGuire expresaba el sentir de una generación en su mítica canción Eve of Destruction:

¿Y puedes sentir el miedo que yo siento hoy? / Si se pulsa el botón, no hay escapatoria

El científico loco con pelo alborotado comenzaba a ser un personaje tan recurrente como antipático para el público en los films de Hollywood. Películas como Jurassic Park, en la que un científico que juega a ser Dios pone al mundo en peligro con sus experimentos, reflejan esta idea que aún perdura en la opinión pública.

El libro de Mary Shelley, Frankenstein, en el que un científico juega a ser Dios una vez más, le da nombre a esta situación que los expertos llamaron Síndrome de Frankenstein. Pero la cultura popular siempre ha estado llena de historias de este tipo, lo que hace pensar que no es algo exclusivo de nuestros tiempos.

La historia del Gólem de Praga, cuyo origen se remonta a hace siglos; el monstruo japonés Godzilla, que gozó de mucha popularidad en el país nipón tras el bombardeo nuclear de Hiroshima y Nagasaki… La cultura popular está, como decimos, llena de relatos que reflejan un rechazo a que el progreso tecnológico sobrepase los límites que no deberían traspasarse.

Este rechazo al jugar a ser Dios ha desembocado en gran parte de la opinión pública en la vaga idea de que son preferibles los remedios más naturales, que no los químicos.

En los años sesenta en Estados Unidos comenzó a cristalizar un fenómeno global de contracultura que se pirraba por lo exótico: la religión budista, la meditación, el yoga y, en general, casi cualquier cosa que sea exótica o que se pueda etiquetar como “alternativo” o “natural”. Por supuesto aquí entran las pseudociencias y en los últimos años la propia cultura del capitalismo se ha apropiado de esta idea contracultural de tal manera que la etiqueta de alternativo es un reclamo más de marketing en casi todas las tiendas de remedios de hoy día.

Hahnemann -el fundador de la homeopatía, allá por el siglo XVIII- rechazaba la experimentación con animales. Método por el que ha avanzado la medicina científica en los últimos tiempos pero bastante discutido por lo cruel que puede resultar. Desde un primer momento, la homeopatía resulta estar separada del experimento científico a la vez que se gana las simpatías de los partidarios de métodos naturales.

La salud de una persona es siempre su máxima preocupación y, cuando se trata de un tema tan delicado, la gente no escatima dinero ni cierra posibilidades.

Medicinas naturales y remedios alternativos

Un famoso axioma entre especialistas homeópatas afirma que “no hay enfermedades, sino enfermos”, sus críticos suelen contratacar con que, aun con esto, fabrican medicamentos prefabricados en masa para venderse en las farmacias sin receta. También en una farmacia del centro de Murcia nos cuentan que ésta es una de las tendencias actuales.

Desde Heel nos aseguran que ésta es una de las características que diferencian a su “medicina biorreguladora”, la fabricación en serie, aunque nos confirman que, en todo caso, podemos llamarla medicina homeopática.

Como decimos, lo cierto es que a día de hoy la mayoría de la gente dice preferir los remedios naturales a los químicos. La mayoría de consultados que han usado los remedios homeopáticos alguna vez dicen preferirlos porque es una “medicina natural”.

Muchas compañías saben esto y las farmacias, parafarmacias y herbolarios están repletos de productos publicitados como naturales, tradicionales o alternativos. La etiqueta oficial de productos como los homeopáticos es la de “complementarios”, incluso sus defensores hablan de ella como una medicina complementaria. Es decir, que en ningún caso podría sustituir a la medicina “alopática”; solo combinar sus efectos.

Alternativas, complementarias, naturales… ¿Qué diferencia a las medicinas con estas etiquetas de las que los médicos llaman simplemente medicinas? En su mayoría la diferencia es que sus efectos beneficiosos no están probados científicamente, ya que cuando esto sucede pasa a denominarse simplemente medicina. Esto es lo que se desprendía del mencionado informe del Ministerio de 2011 que mostraba como denominador común de las terapias alternativas su falta de evidencias en ensayos clínicos.

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