Alejandro Magno y el gobierno de los sabios

>Nota: este artículo fue escrito hace unos tres años y, por algún motivo, me ha apetecido recuperarlo ahora.

El otro día leía en el prólogo del libro Anatomía de un instante que existe (o no) una grabación entre varios implicados en el golpe de estado del 23-F (el golpe de estado con nombre de caza-bombardero) que el juez no usó para el juicio porque había sido obtenida de manera ilícita. Digo que puede, o no, existir porque ya no existe. Nadie puede acceder a ella. Voló y ahora es una especie de leyenda urbana entre investigadores.

El caso es que si la cinta existió, o no, alguien decidió que era mejor que nosotros no lo supiéramos, y mucho menos que supiéramos quién decía qué en esa cinta. Siempre por nuestro bien, claro. Por el bien del país, seguro.

También recuerdo que hace unos meses leía, contra mi voluntad, unas cuantas noticias publicadas en cierto panfleto ultraderechista. Una de ellas decía, muy a su manera, que ZP y su horda de stalinistas judeo-masones no había contado con la valentía suficiente de tomar ciertas medidas impopulares. Ciertas medidas que a la gente no le gustarían pero, siempre por el bien de esa propia gente, era necesario adoptar.

Lo que estos iniciados pedían al gobierno es que hiciera lo contrario a lo que la gente que le ha votado quiere que haga. Esto, en tiempos de democracia puede parecer una paradoja, pero es por nuestro bien. ¡Maldita sea! No lo entenderemos, pero el caso es que es así. Por el bien del país.

Existen muchos motivos para llevarle la contraria al pueblo, a la chusma, la plebe, el populacho. Esa masa iletrada a la que hay que dirigir cual rebaño por el mejor camino mientras ve Sálvame o se muere de tuberculosis -depende del momento histórico, claro-. La excusa nunca es muy variada. O hay que hacerlo por Dios o por la Patria, que es lo mismo que decir por lo civil o por lo criminal.

El caso es que el otro día Alejandro Sanz tuiteaba desde su chalet de oro macizo -este último dato puede ser una licencia creativa que yo me he tomado- sobre la valentía con la que habían actuado los políticos españoles para ponerse de acuerdo en aprobar la Ley Sinde de los cojones -esto, el Plan Bolonia e ilegalizar partidos es lo único que ha unido a PP y PSOE en los últimos años-.

Por muy seguidor de Alejandro Sanz que seas -por pocas luces que tenga uno, quiero decir-, se entiende que el artistazo en cuestión (nótese la ironía, por favor) está hablando de la valentía de los políticos para llevarle la contraria al populacho, el cual clama la cabeza de Sinde previamente cortada con un Verbatim. Lo importante es que, aunque no nos demos cuenta, es por nuestro bien. Esta ley debía ser aprobada pese a la oposición de los que no tienen más dinero para darle a la industria moribunda; que cualquier día de éstos va a tener que robarle más beneficios a los autores de los que ya les roba, o va a tener que cobrarle más caro el “producto” de lo que ya lo cobra. Porque la cultura es cara, ya sabes.

Parece ser que Alejandro Sanz es uno de esos iniciados que saben la verdad acerca del tema y tienen la valentía de ser impopular al tomar medidas impopulares. Siempre por nuestro bien. Aunque no nos demos cuenta.

Talmente hizo cuando decidió borrar de la faz de la tierra esto.

Damnatio Memoriae. Que la gente nunca los sepa. Esto nunca ha ocurrido.

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